Humedales en Chile: por qué no son terrenos disponibles sino infraestructura natural clave

Los humedales en Chile no son terrenos disponibles, sino infraestructura natural clave para el agua, el clima, la biodiversidad y la protección urbana.

Entender su valor es fundamental para un desarrollo sostenible.

Los humedales en Chile no son terrenos disponibles ni espacios improductivos: son infraestructura natural clave para el agua, el clima, la biodiversidad y la protección de las ciudades. A pesar de esto, siguen siendo intervenidos o rellenados bajo la lógica del desarrollo urbano o productivo, sin comprender completamente las consecuencias que esto implica a nivel ambiental, económico y territorial.

Según estimaciones del Ministerio del Medio Ambiente, Chile cuenta con más de 40.000 humedales, que en conjunto cubren cerca de 4,5 millones de hectáreas, aproximadamente el 5,9% del territorio nacional. No son una rareza marginal: forman parte esencial de la geografía chilena, desde los salares y bofedales del norte hasta las turberas, ríos, lagunas, estuarios y marismas del sur. (educacion.mma.gob.cl)

Hoy, en medio del debate sobre la Ley de Humedales Urbanos, es importante hacer una pausa. No para impedir toda construcción, ni para convertir al empresario, al urbanizador, al minero o al desarrollador inmobiliario en enemigo. Al contrario: este debate necesita más inteligencia, más empatía y más visión de largo plazo.

La pregunta no debería ser simplemente: “¿cuánto terreno podemos habilitar?”.

La pregunta de fondo es mucho más importante:

¿Qué estamos destruyendo cuando tapamos, drenamos o fragmentamos un humedal?


Un humedal no es un obstáculo: es una solución que ya existe

Durante mucho tiempo, muchos humedales fueron vistos como terrenos inútiles. Lugares húmedos, difíciles de construir, poco rentables a simple vista. Pero esa mirada está quedando obsoleta.

A nivel global, los humedales cubren solo cerca del 6% de la superficie terrestre, pero albergan alrededor del 40% de la biodiversidad del planeta, lo que demuestra su enorme valor ecológico y funcional . Además, actúan como “esponjas naturales”, absorbiendo el exceso de agua durante lluvias intensas y reduciendo el riesgo de inundaciones en ciudades y zonas productivas .

Hoy sabemos que los humedales cumplen funciones que, si desaparecen, luego deben ser reemplazadas con obras caras, incompletas y muchas veces insuficientes.

Un humedal puede:

  • retener agua en temporadas de lluvia,
  • reducir inundaciones,
  • recargar napas subterráneas,
  • filtrar contaminantes,
  • regular la temperatura,
  • dar refugio a especies nativas y migratorias,
  • almacenar carbono,
  • proteger ciudades y comunidades.

En simple: un humedal trabaja todos los días, aunque no lo veamos.

Por eso, cuando se rellena un humedal para construir encima, no solo se pierde naturaleza. Se pierde una infraestructura viva.


La falsa idea del terreno disponible

Desde una mirada puramente inmobiliaria, un humedal puede parecer una oportunidad: un paño de tierra dentro o cerca de una ciudad, muchas veces bien ubicado, aparentemente subutilizado.

Pero desde una mirada ecológica y urbana, ese mismo terreno puede ser una pieza clave del sistema de drenaje natural de una ciudad.

Lo que parece “suelo disponible” puede ser, en realidad:

  • la zona que absorbe el exceso de agua cuando llueve,
  • el espacio que evita que un barrio se inunde,
  • el ecosistema que mantiene especies vivas,
  • la reserva hídrica que sostiene el equilibrio local,
  • el filtro natural que mejora la calidad del agua.

Por eso, la discusión no puede limitarse a si un humedal “ocupa mucho” o “ocupa poco”. El punto es qué función cumple.

Un humedal pequeño, ubicado en una zona urbana crítica, puede tener un valor inmenso. Puede evitar inundaciones, conectar ecosistemas y proteger a miles de personas.


¿Qué pasa si eliminamos solo un porcentaje?

A veces se plantea el tema como si se pudiera hacer una resta simple: si Chile tiene 4,5 millones de hectáreas de humedales, ¿qué tan grave sería perder un 5%, un 10% o un 20%?

El problema es que los humedales no funcionan como hectáreas intercambiables.

No es lo mismo perder un humedal aislado que perder uno que regula inundaciones en una ciudad. No es lo mismo intervenir una zona degradada que destruir una turbera, un bofedal altoandino, una desembocadura o un humedal urbano clave.

Aun así, hagamos el ejercicio:

Pérdida estimadaHectáreas afectadas
5%225.000 hectáreas
10%450.000 hectáreas
15%675.000 hectáreas
20%900.000 hectáreas
30%1.350.000 hectáreas

A primera vista, alguien podría pensar que perder un 5% no parece tan grave. Pero 225.000 hectáreas de humedales no son una cifra menor. Y si esa pérdida ocurre en zonas urbanas, costeras o de alto estrés hídrico, el impacto puede ser desproporcionado.

Desde el 10% en adelante, ya estaríamos hablando de una pérdida estructural de biodiversidad, regulación hídrica y protección natural. Desde el 20%, el daño se parece más a una crisis ambiental de largo plazo que a una simple modificación territorial.

A nivel global, la Convención Ramsar ha advertido que desde 1970 se ha perdido cerca del 22% de los humedales del planeta, con consecuencias graves para el agua, la biodiversidad, la seguridad alimentaria y el clima. (El País)

Chile no debería caminar voluntariamente hacia una pérdida de esa magnitud.


La Ley de Humedales Urbanos: el centro del debate

La Ley 21.202 tiene por objetivo proteger los humedales urbanos declarados por el Ministerio del Medio Ambiente, ya sea por iniciativa del propio ministerio o por solicitud de los municipios. Esta ley no protege automáticamente todos los humedales de Chile, sino aquellos ubicados total o parcialmente dentro del límite urbano y reconocidos formalmente como tales. (Biblioteca Congreso Chile)

El propio Ministerio del Medio Ambiente explica que estos ecosistemas son relevantes para las ciudades porque funcionan como áreas verdes, espacios de recreación, zonas de control de inundaciones y herramientas de mitigación frente al cambio climático. (Ecosistemas Acuáticos)

Por eso, cuando se discute si la ley “frena proyectos”, hay que mirar más allá del titular.

Una ley puede tener problemas de implementación. Puede requerir mejor coordinación, mayor certeza técnica, plazos más claros o mejores criterios para compatibilizar vivienda, inversión y conservación.

Pero una cosa es mejorar la gestión.

Otra muy distinta es debilitar la protección de ecosistemas que cumplen funciones críticas.


Vivienda, minería e inversión: el punto no es detener el desarrollo

Este artículo no busca instalar una guerra entre naturaleza y progreso.

Chile necesita viviendas. Necesita infraestructura. Necesita minería. Necesita empleo. Necesita inversión.

Pero también necesita agua, ciudades menos expuestas a inundaciones, ecosistemas funcionales y territorios capaces de resistir eventos climáticos cada vez más extremos.

El verdadero desarrollo no consiste en construir sobre cualquier superficie disponible. Consiste en entender el territorio antes de intervenirlo.

Una inmobiliaria que tapa un humedal puede resolver un negocio de corto plazo, pero crear un problema urbano de largo plazo.

Una faena minera que altera un bofedal puede mejorar una operación puntual, pero dañar un sistema hídrico completo en una zona donde el agua ya es escasa.

Una ciudad que rellena sus humedales puede crecer en superficie, pero volverse más vulnerable, más cara de mantener y menos habitable.

Ese es el cambio de mirada que necesitamos.


Los humedales también tienen valor cultural y espiritual

Para muchas culturas, el agua no es solo un recurso. Es origen, vínculo, memoria y vida. Cada vez más personas buscan reconectar con la naturaleza a través de experiencias que integran bienestar y entorno natural, como las que exploramos en nuestras experiencias para conectar.

En distintos territorios de Chile, los humedales han sido parte de la relación entre comunidades humanas, aves, ríos, plantas medicinales, ciclos agrícolas y formas de habitar el paisaje.

En el mundo mapuche, por ejemplo, los espacios de agua tienen una dimensión espiritual y territorial profunda. En el norte, los bofedales y vegas altoandinas han sostenido formas de vida adaptadas a ambientes extremos. En el sur, las turberas y humedales forman parte de paisajes donde el agua estructura la vida cotidiana.

Pero incluso si alguien no conecta con esa dimensión sagrada, hay una razón práctica imposible de ignorar:

  • Sin humedales, perdemos protección.
  • Perdemos agua.
  • Perdemos suelo vivo.
  • Perdemos estabilidad.

Lo que debería ser intocable

No todos los humedales tienen el mismo nivel de amenaza ni la misma función, pero hay ciertos sistemas que deberían considerarse de máxima prioridad:

  • sitios Ramsar de importancia internacional,
  • humedales urbanos declarados,
  • turberas,
  • bofedales y vegas altoandinas,
  • salares,
  • desembocaduras y humedales costeros,
  • humedales que protegen ciudades de inundaciones,
  • ecosistemas clave para aves migratorias,
  • humedales en zonas de estrés hídrico severo.

En estos casos, intervenir no debería ser la primera opción. Debería ser la última, y solo bajo estándares extremadamente estrictos.


La oportunidad: diseñar con el humedal, no contra él

El debate no tiene por qué terminar en prohibición absoluta o destrucción total.

Hay una tercera vía: planificar mejor. Esto significa diseñar barrios que respeten los humedales, crear parques inundables, construir senderos elevados, integrar educación ambiental y convertir estos ecosistemas en parte de la identidad urbana.

También implica generar valor inmobiliario alrededor de la naturaleza sin destruirla, desarrollando infraestructura que conviva con el agua en vez de intentar borrarla.

En muchas ciudades del mundo, los humedales urbanos y otros ecosistemas naturales ya no son vistos como obstáculos para el desarrollo, sino como activos urbanos capaces de aumentar la calidad de vida, reducir riesgos de inundación, atraer turismo sostenible, mejorar la salud mental y fortalecer la identidad territorial.

Chile podría avanzar en esa dirección.


La pregunta que deberíamos hacernos

Antes de tapar un humedal, una empresa, una autoridad o una comunidad debería preguntarse:

¿Qué función cumple este lugar?

¿Qué pasará con el agua si desaparece?

¿Qué barrios se podrían inundar?

¿Qué especies dependen de este ecosistema?

¿Cuánto costaría reemplazar artificialmente lo que este humedal hace gratis?

¿Qué le estamos dejando a la ciudad en 20, 30 o 50 años más?

Porque el problema no es solo ambiental. También es económico, urbano, social y ético.


Los humedales no son terrenos vacíos, son sistemas vivos

Los humedales no son simples terrenos disponibles.

Son infraestructura natural de agua, clima, biodiversidad y protección urbana.

Son parte del sistema que permite que una ciudad respire, que el agua circule, que la biodiversidad sobreviva y que las comunidades estén menos expuestas a desastres.

El desafío no es frenar el progreso. Es madurar nuestra idea de progreso.

Un país que destruye sus humedales para crecer puede terminar gastando mucho más tratando de corregir los daños que él mismo provocó.

Un país que aprende a integrarlos, protegerlos y diseñar en torno a ellos puede construir ciudades más inteligentes, resilientes y humanas.

Ese es el debate que Chile necesita abrir. No desde la rabia. No desde la caricatura. No desde la idea de que el empresario es enemigo o que la naturaleza es un lujo.

Sino desde una verdad simple: cuando protegemos un humedal, también estamos protegiendo agua, ciudad, vida y futuro.

El desafío no es frenar el desarrollo, sino evolucionarlo. Entender que un humedal no es un obstáculo, sino una ventaja competitiva para proyectos que quieran ser sostenibles, resilientes y valiosos en el tiempo.


Si este tema te hace sentido, probablemente también estás buscando conectar desde un lugar más consciente, con personas que valoren lo mismo. En The Desire Circle estamos construyendo una comunidad basada en afinidad, experiencias reales y conexión auténtica.

👉 Activa tu perfil aquí: https://sinfullymag.com/mi-perfil, y déjanos tu opinión sobre este tema.

Comparte tu aprecio

Deja un comentario