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Cuando los ancestros regresan: memoria, territorio y cultura viva en Rapa Nui
Después de más de un siglo fuera de su territorio, 17 Ivi Tupuna regresaron a Rapa Nui.
El regreso de los Ivi Tupuna abre una conversación sobre restitución, territorio y una cultura que no permanece viva solo en los objetos, sino también en las prácticas, los cuerpos, la lengua y los conocimientos que continúan pasando de una generación a otra. Durante más de un siglo, parte de los ancestros del pueblo Rapa Nui permaneció lejos de su territorio. En julio de 2026, 17 Ivi Tupuna y una muestra de cabello humano que se encontraban en el Australian Museum emprendieron el regreso desde Australia.
Habían sido retirados de sitios funerarios sagrados de Rano Raraku durante una expedición naval alemana en septiembre de 1882 y adquiridos por el museo australiano al año siguiente. El viaje terminó en julio, cuando los Ivi Tupuna llegaron a Rapa Nui y fueron recibidos en una ceremonia tradicional. La restitución puede registrarse mediante fechas, inventarios, traslados y protocolos.
Pero su sentido más profundo comienza en otra parte. No son objetos que regresan a una colección distinta. Son ancestros que vuelven a su territorio.
Un regreso después de 144 años
Los restos ancestrales fueron retirados de Rano Raraku en 1882 dentro de un contexto colonial en el que museos, universidades y coleccionistas de distintos países reunían cuerpos humanos, objetos ceremoniales y materiales culturales provenientes de pueblos indígenas. El propio Australian Museum ha reconocido que aquella extracción ocurrió sin consentimiento y que formó parte de un sistema que produjo daños profundos y duraderos. La institución pidió disculpas y desarrolló el proceso de restitución junto con representantes Rapa Nui.

El regreso no borra lo ocurrido. Tampoco puede deshacer más de un siglo de ausencia. Pero cambia algo fundamental: reconoce que corresponde al propio pueblo Rapa Nui determinar cómo deben ser cuidados sus ancestros y qué relación quiere establecer con los bienes culturales que fueron retirados de su territorio.
Restituir es también reconocer
La palabra restitución contiene algo que una simple devolución no alcanza a expresar. Devolver describe un movimiento físico. Restituir supone reconocer que existía una relación alterada, un derecho vulnerado o una pertenencia que nunca dejó de existir.

Rapa Nui lleva décadas impulsando ese proceso. En noviembre de 2024 regresaron desde el Museo Kon-Tiki de Noruega 17 cráneos y cerca de 600 fragmentos óseos. La restitución fue resultado de años de gestiones y de una demanda sostenida desde Rapa Nui.
Estas acciones forman parte de una historia mayor de repatriación y cuidado de Ivi Tupuna y patrimonio retirado de la isla. La restitución no consiste solamente en corregir un inventario. Busca recomponer una relación.
Pero su sentido más profundo comienza en otra parte. No son objetos que regresan a una colección distinta. Son ancestros que vuelven a su territorio.
La cultura no vive solamente en los objetos
Es fácil pensar la cultura como aquello que queda resguardado en un museo, un monumento o un archivo. En Rapa Nui esa mirada resulta insuficiente. La cultura también vive en una lengua, una técnica aprendida observando, una historia transmitida dentro de una familia, una forma de preparar un material, un movimiento del cuerpo, una pintura, un canto o una relación determinada con el territorio.


Esa continuidad ayuda a comprender por qué el regreso de los Ivi Tupuna tiene una dimensión que trasciende el patrimonio material. Y también permite mirar de otra manera uno de los momentos culturales más conocidos de la isla: Tāpati Rapa Nui.

Tāpati: una cultura que se practica
Desde fuera, Tāpati suele describirse como festival, celebración o sucesión de competencias. Todo eso ocurre. Pero quedarse ahí es mirar solamente la superficie.


Durante Tāpati vuelven a ponerse en práctica conocimientos que necesitan personas capaces de realizarlos: preparar materiales, reconocer plantas, trabajar fibras, pintar el cuerpo, cantar, recitar, competir, transmitir historias y enseñar técnicas a quienes vienen detrás. Por eso una manera más profunda de comprender Tāpati consiste en observar no solamente qué hace una persona, sino también qué conocimiento está poniendo en práctica y de quién lo aprendió. Haka Pei: guerreros ancestrales, cuerpo y territorio El Haka Pei es probablemente una de las imágenes más reconocibles de Tāpati: competidores descienden por la pronunciada ladera del ma‘uŋa Pu‘i sobre dos o tres troncos de plátano unidos.
Pero reducirlo a velocidad y riesgo sería perder gran parte de su significado. En la representación cultural de Tāpati, los competidores evocan a guerreros ancestrales Rapa Nui. La prueba conecta valentía, resistencia y dominio corporal con una memoria guerrera que continúa presente en la manera en que se desarrolla la competencia.


El programa de Lengua Rapa Nui del Ministerio de Educación documenta que el Haka Pei es una competencia ancestral realizada en ma‘uŋa Pu‘i y que el desempeño considera no solo el deslizamiento, sino también el kahu o atuendo, el tā kona o pintura corporal y la participación en ceremonias rituales como el ‘umu tahu, curanto de bendición inicial, y el ‘umu hatu, curanto de agradecimiento al finalizar. Los ma‘ori haka pei, expertos de la disciplina, transmiten ese conocimiento a quienes participan.
El descenso dura apenas unos instantes. La cultura que contiene ha necesitado generaciones. Tiŋi-tiŋi i te mahute: cuando una corteza se convierte en tela Hay otras prácticas de Tāpati cuyo ritmo es completamente distinto.
El trabajo del mahute comienza con una planta y con un conocimiento preciso sobre cómo transformar su corteza. La parte fibrosa de la corteza se prepara y se ablanda. Luego se golpea repetidamente con el instrumento utilizado para trabajar el mahute; al golpearla, la fibra se estira, se agranda y se ensancha.
Después se deja secar, se corta y puede coserse para elaborar distintas piezas. El programa intercultural de Lengua Rapa Nui del Ministerio de Educación conserva una descripción detallada del proceso tradicional: separar la parte fibrosa, ablandarla, golpearla, extenderla, secarla, cortar la tela y coserla. También registra su uso en prendas y capas de mahute.
Lo importante no es solamente la pieza terminada. También importa que alguien sepa reconocer la materia prima, trabajarla correctamente y enseñar el proceso. La memoria, en ese caso, pasa literalmente de unas manos a otras.
Aprender haciendo
El Haka Pei y el mahute permiten comprender mejor algo que resulta difícil explicar únicamente con conceptos como patrimonio o identidad. Una cultura continúa viva porque existen personas que saben hacer cosas. Alguien prepara los troncos.
Alguien conoce la rogativa. Alguien enseña cómo trabajar la corteza. Alguien recuerda un recitado.
Una persona mayor corrige una técnica y alguien más joven vuelve a intentarlo. Tāpati hace visible esa transmisión. Sus competencias, candidaturas y puntajes forman parte de la celebración, pero el significado cultural no termina cuando se conoce quién ganó.
Lo importante también ocurre antes, dentro de las familias, entre participantes, expertos, cultores y generaciones que vuelven a practicar aquello que recibieron de otros.
Mirar Rapa Nui más allá de la postal

Rapa Nui ocupa un lugar excepcional en el imaginario mundial. Los moai, el océano y sus paisajes aparecen una y otra vez como símbolos universales. Esa visibilidad genera fascinación, pero también puede simplificar.
Cuando un territorio es observado únicamente como destino, las personas que lo habitan corren el riesgo de convertirse en parte del paisaje. La cultura empieza a parecer algo dispuesto para quien llega a mirar, en vez de una realidad que pertenece, antes que nada, al pueblo que la vive. Comprender Rapa Nui exige cambiar esa posición.
Los moai no son solamente esculturas monumentales. Los Ivi Tupuna no son piezas bioantropológicas. El Haka Pei no es simplemente un deporte extremo.
El mahute no es solamente una artesanía. Cada una de esas expresiones pertenece a una red mayor de relaciones entre territorio, ancestros, familias, conocimientos y memoria. Tāpati tampoco existe solamente para producir una postal extraordinaria.
Existe porque hay un pueblo que continúa practicando y transformando su cultura.
Cuando los ancestros regresan
El regreso de los Ivi Tupuna y las prácticas que cobran vida durante Tāpati parecen historias distintas. En realidad, se encuentran en un mismo lugar. La restitución permite que los ancestros vuelvan físicamente al territorio del que fueron retirados.
La transmisión cultural permite que conocimientos, símbolos, técnicas y recuerdos vinculados con generaciones anteriores continúen presentes. Una responde a una ausencia. La otra sostiene una presencia.
Quizás por eso mirar Rapa Nui con respeto exige algo más que admirar aquello que vemos. Exige preguntarnos qué historia contiene, quién la transmite y qué estamos siendo invitados a comprender.
Fuentes
Créditos visuales
- Ilustración conceptual generada con OpenAI GPT Image · Ilustración editorial generada por IA
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- Tapati Festival · CC BY-SA 2.0
- Tapati Festival · CC BY-SA 2.0
- RAPA NUI TAPATI 2015 FARANDULA · CC BY 2.0



